Entrar a La Faena es como colarte en un museo que se cansó de ser museo y decidió echarse una siesta eterna. Las paredes todavía cargan fotos, banderines y trofeos que probablemente vieron su última gloria cuando Japón ataco Pearl Harbour. El piso tiene ese brillo dudoso que no sabes si es cera o historia, y el aire… bueno, es una mezcla entre cebada fermentada y recuerdos de charolas de metal.
Elige tu mesa
Los meseros, esos generales silenciosos, ya saben dónde te vas a sentar antes de que termines de quitarte la chamarra. No hay cartas nuevas, no hay discursos de “bienvenido” ni sonrisas para Instagram: aquí la dinámica es clara, ellos mandan y tú obedeces. Y uno obedece, porque al fin y al cabo vienes a beber, no a negociar tratados.

Pides la especialidad de la casa —la cerveza oscura de barril— y te la traen en esa bola de cristal que parece reliquia de abuela coctelera. Es fría, generosa y engañosa: uno cree que no pega… hasta que te levantas y descubres que la bola tenía más peso que el vaso.
Que empiece la fiesta
La botana es otro capítulo. Puede tocarte caldo de camarón que huele a puerto lejano y sabe a domingo, o unos sopes que sobreviven al paso del tiempo con dignidad de soldado raso. Si el destino te sonríe, te llegan quesadillas de papa calientes, casi inocentes, que saben más a cocina de barrio que a cantina del Centro. Y, claro, están los infaltables chicharrones de harina que no piden permiso, se plantan en la mesa como diciendo: “Aquí empieza la fiesta”.
En La Faena el desfile de bebidas es largo —brandys , mezcales que presumen de artesanales, vodkas para despistados—, pero la cerveza oscura sigue siendo la reina absoluta. No necesita maridaje fino, solo un par de amigos y tiempo para dejar que la tarde se escurra.
Todo, menos sexi
La Faena no es sexy, nunca lo fue y sospecho que no le interesa serlo. Es un sitio que se sostiene con pura inercia y clientela de siempre, un lugar donde la nostalgia paga la cuenta antes que la calidad. Llegas, bebes, botaneas, y te vas con esa media sonrisa que da el alcohol barato y el ritual repetido. No es para todos… pero si la bola de cristal te guiña, sabes que ya caíste.
ubicación:
La Faena
La Faena- Comida2/5 MaloLo recomendable son las quesadillas de papa
- Servicio3/5 Bien
- Ambiente3/5 Bien